Imagina…

23 abril 2010

Había un gag my bueno en los Simpsons en el cual Bart intentaba distraerse de clase utilizando su imaginación… pero debido a años de televisión y entretenimiénto “masticado” no era capaz de evadirse por si mismo.

Siempre tuve la teoría de que si Bart hubiese oido música le hubiese sido más fácil. Yo muchas veces cuando me voy a la cama y no puedo dormir, arrastro mi portatil y pongo en el reproductor una carpeta con música clásica. Y con esta música de fondo me voy quedando dormido… pero es curioso porque cuanto más relajado estoy más cosas pasan por mi cabeza… creo historias, me imagino escenas, situaciones, cortos… Dicho así suena un poco cursi, pero de esa forma por ejemplo nació el trailer de “El Juguete“, aunque no fue precisamente música clásica lo que oía en ese momento sino la banda sonora de la peli Ghost in the Shell.

Estamos a viernes. Estas en casa, cansad@… Te propongo un experimento: Búscate un sitio tranquilio, túmbate y pon el siguiente video a todo volumen. Cierra los ojos y escucha:

¿Has creado una historia o has echado de menos la tele? 😛

(El tema es del compositor John Surman y se llama Edges of Illusion. Lo saqué de la banda sonora del espectáculo Slava’s Snowshow al que fui hace poco.)


y 500!!

5 abril 2010

Con la entrada anterior, he llegado a las 500 entradas publicadas… Casi ná. Iba a escribir algo bonito y emotivo, pero la verdad que la inspiración me vino hace 100 entradas cuando celebré la número 400, así que haremos un trato… vuelvo a copiar aquel texto tan bonito y hacemos como que lo estreno hoy. Ah! Y doy mi palabra de no volver a celebrar entradas hasta que llegue a la 1000… ¡si es que llego!. Le doy al Ctrl + V…

No tenía previsto publicar nada hoy, pero acabo de ver que si escribía algo… llegaba a las 400 500 entradas publicadas.

400 500… Parece mentira. Me he pasado un rato viendo entradas al azar y la verdad es que me he sentido un poco tonto, porque me he reido con cosas que yo mismo he escrito o he subido. Videos, monólogos, fotos, comentarios… Cosas que me hicieron reir hace tiempo me han vuelto a hacer reir hoy. Y eso es genial.

El blog lo empecé como algo muy personal, para escribir cosas que se me acumulaban. Nunca he pretendido que nadie lo lea, no me habréis visto hacerle publicidad más allá de poner su dirección en mi messenger o más recientemente crearle un “grupito” en Facebook. Siempre he preferido dejar ahí la dirección y que la gente entre por si sola y lo descubra poco a poco. Más de alguna persona me ha comentado que lo ha descubierto en una noche de aburrimiento, y que ha empezado a buscar entradas pasadas y a reirse… y perder el tiempo en ese plan. Creo que encontrarse con “MioMio” así tiene más valor.

Ni que decir tiene que agradezco mucho a todos los que se molestan en dejarme un comentario aquí o en el grupo de Facebook, o que han dejado su sello en el “Libro de Visitas” o en cualquier sección. De verdad, ¡ni os imaginais la ilusión que hace!

Dicen que hay una cosa mejor que reirse, y es reirse juntos. Así que espero seguir compartiendo risas durante otras 400 500 entradas más… ¡Mínimo!

¡Gracias a todos!

Servan / Serthand


¡Frenando!

10 febrero 2010

Durante unas semanas, MioMioynamasquemio no se actualizará a diario. Sólo colgaré las secciones mensuales que toquen. En cuanto me sea posible, la página volverá a funcionar como siempre. Palabrita del niño Jesús.

Sorry!

Serthand


Monólogos. VIII: Canario en Pamplona

25 marzo 2009

Si no recuerdo mal, éste fue uno de los primeros “documentos con gracia” que escribí. Surgió de mis anécdotas cuando empecé la carrera en Pamplona. Estuve en un Colegio Mayor donde conocí a otros veintitantos proyectos de médicos, y donde me lo pasé de miedo. Eso si, siempre me picaban por lo del acento, y de ahí mi “venganza” con este monólogo. No lo he retocado desde que lo hice, asi que sigue con sus fallos y todo, más original. 😀

pamplona

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Canario en Pamplona

Soy canario… y me gusta. Me gusta lo de tener otro ritmo, me gusta ir por la calle a mi paso. Lo de ser canario en la península tiene su gracia. Lo primero que me llamó la atencion fue la velocidad con la que la gente camina allí… ¡supongo que será porque tienen bastante espacio para hacerlo!. En Tenerife estamos más limatidos…

Dicen que experimentando se aprende… Yo conoci la teoria de la relatividad en Pamplona, mientras volvia de la compra:
Vas caminando a tu ritmo por la acera cuando oyes como alguien detrás de ti carraspea. Ese típico carraspeo que te dice “molestas, tio!”. Te giras y ves a una señora mayor con un carrito lleno de compra que está intenando adelantarte… que te dan ganas de echarte hacia la derecha, esperar a que se ponga a tu altura para en ese momento apretar el paso otra vez y la abuela no pueda adelantarte… como lo que haces normalmente en la autopista con cualquier “espabilao” que te pica la luz, vamos…

Otra cosa que te llama mucho la atención es lo del acento. Bueno, a ti no te llama nada la atención porque estás acostumbrado al acento peninsular por las noticias… a quienes les llama más la atención es a ellos. Hay varias fases:

Primero está la fase “sonrisas”: a todo el mundo le parece gracioso ke no pronuncies las “c”. Sonrien en plan “¡uy! ¡pero que simpatico el canario como habla!”.

Después está la fase “loro”, ke es cuando ya pillan confianza y te empiezan a vacilar…

-“a ver, di Cereza”…

-“seresa

-“no, seresa no: Ce-re-za”

Claro, al principio te parece simpático, entrañable tal vez, pero a la decimocuarta vez, le dices a tu compañero que le vaya a dar la vara con la cereza de los cojones a su bendita madre… Eso si, hablamos de chicos… que una chica te lo puede hacer decir las veces que quiera, que si te tienes que esforzar para que te salga una “c” o una “z”, pues se esfuerza uno… Nunca pasarias por alto que un tipo te dijese que eres mono por tu pronunciación, pero a las chicas se le perdona todo… 😀

Por ultimo, está la fase “Sinónimos“. Para ke no te vacilen y no te tuvieses que acordar de la madre de alguno, yo tenía mi sistema que se basaba en intentar evitar palabras con muchas “c” si me cruzaba con el típico graciosillo. En lugar de decir “cuidado con la ceniza del cigarro” lo cambiaba por  un “¡tio, la mierda esa gris se te va a caer!” … ese tipo de trucos… lo malo eran los lunes por la noche…


-“Oye, Servan, ke ponen en la tele esta noche??”

-“emm… se ese i, creo”

-“¿qué?”

-“estoooo… ce ese i

-“eso qué es?”

-“emmm… la serie esa de los muertos y los pelos… seesei las vegas, seesei nueva york, la serie de los forenses… ¡¡tú ya me entiendes, tio!!!”

Eres canario y llevas seseando 23 años, pero como te has pasado los últimos dos rodeado de “z” y de “c”, pues alguna se te escapa. Lo peor es que siempre se te escapa en el peor momento: cuando estás de vacaciones en Tenerife, con todos los colegas y de repente sueltas un “nos vamos al Zine?” Entonces vuelve todo a empezar:

“que gracioso, ha dicho Zine!”

“se te pegó el peninsular, eh?”

“¡¡di ZereZa!!”

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Monólogos. VII: Yo, The “Tambor” Kid

17 febrero 2009

Cuando yo era pequeñito, mis padres descubrieron que tenía oido. No sé que hice para convencerles pero el caso es que con 6 o 7 años me compraron una batería de “las de verdad”. Yo creo que como me pasaba el dia leyendo comics de Mortadelo y Filemón, querían que me relacionase un poco con otra gente. Fue el error más grande (y el único) que cometieron como padres… por la de tardes de siestas que les fastidié dándole a la batería. Y por eso, para mantenerme lejos de casa, me apuntaron en la Escuela de Música de mi municipio.

La banda de música de mi pueblo era, básicamente, una organización que nos explotaba a todos los chavales que ibamos allí a aprender algo. Muchos iban encantados. Todos menos yo que, como novato, iba a unas clases de lo que llamaban “la Cantera”, es decir,  el paso previo donde se formaban a un nivel más básico. Recuerdo perfectamente que nos daba clase una chica jovencita que tocaba en la Banda. Era como una alumna aventajada que tenía el “privilegio” de formar a los niños que íbamos llegando a la maquinaria. Me acuerdo que lo primero que me dijo cuando llegué a las clases de novatos es que tenía que aprender solfeo.

-“¿Solfeo?. Profe, pero es que yo toco la bateria… ¿pa´eso hay notas tambien?”
-“Si claro, Servan, parece mentira… Tienes que aprender a leer partituras, si no, te pierdes tocando con los demás…”
-“Si… pero yo toco la bateria… se supone que ellos me tienen que seguir a mi, ¿no?”

Primera cagada. Las estrellas de Rock tenemos ese carácter que con 8 o 9 años ya nos sale… La consecuencia fue que me tuvieron tocando el triángulo los tres primeros meses. Tocar el triángulo en aquella clase de novatos era lo más humillante que había. En la escala de los músicos, el que toca el triángulo está justo encima del que limpia la sala de ensayos. Lógicamente me iba a casa muy frustado, llorándole a mis padres para que me quitaran de allí.
Porque a mi lo que me gustaba era el tener mi bateria “de verdad” en casa. Yo llegaba allí, me encerraba en la habitación donde teníamos la “bataca” y me liaba a darle. No necesitaba partituras. Lo único que necesitaba era poner la tele a todo volumen con las cintas de video de un programa de videoclips que entonces daban en Canal Plus en abierto a mediodia. Recuerdo tocar la canción de Mink Deville – Demasiado corazón una y otra vez, sobre el sonido de la tele.
Entonces recuerdo que una vez llegó a casa mi padre, riéndose. Cuando mi madre le preguntó a qué venia esa risa, mi padre le contó que habia hablado con el Director de la Banda de Música.

El director solía subir a mi pueblo a dar clases particulares a los estudiantes mas avanzados, y como buen músico, entre clase y clase iba al único bar del pueblo, que justo estaba enfrente de mi casa. Y estando en el bar, oyó mi session con la bateria. Lógicamente, al ser un pueblo pequeñito, preguntó de quien era la casa, y mi padre que andaba por allí le dijo que suya. Al preguntarle por quien tocaba la bateria, mi padre, que lo veia venir, le dijo muy serio.
-“Pueees… mi hijo”
-“Vaya, y … ¿no han pensado en meterle en la banda?”
-“Si lo está… Dice que lleva dos meses tocando el triángulo.”

La siguente semana, entré en la Banda.

Tenia gracia porque los de percusión nos sentábamos atrás del todo y justo delante tenía la colleja de mi “profe” de solfeo. Me sentía muy a gusto, porque yo era un enano de 9 años entre tios de 24 o 25. Era como ir detrás en el autobús del cole, iba con los “más malosos”. En las bandas de músicas siempre suelen haber varios grupillos: Lógicamente, los malotes eran los de la percursion. Las tias buenas de las flautas eran un sector que nos quedaba lejos porque se sentaban en primera fila, por aquello de que se oyesen entre ellas. Luego estaban los metales (trompetas, trombones…), que querian ser tan guays como los percursionistas pero ellos tenian que currar más, con sus clases de solfeo, de prácticas, etc… y se perdían la mayoria de tinglados. Era como esos empollones que se quieren hacer pasar por enrollados: tienen la voluntad pero no la el tiempo libre. Después estaba el grupo mixto de los clarinetes… donde había algúno que otro bastante quemado por el típico comentario de “moja la caña para que suene, bribón!” que le dejábamos en su atril antes de entrar a cada ensayo… También estaba el mítico señor mayor de cada banda de música, que estaba allí desde que empezó la banda. Era como el bombo, tenia su rinconcito asignado el cual todo el mundo respetaba… curiosamente enfrente de las de las flautas… … … ¡ahora lo entiendo! ¡”Jodio” viejo verde!
Yo estaba encantado, porque me trataban como a un hermano menor. Recuerdo que en las clases por secciones, nos pillaba el director y los 10 primeros minutos nos “ladraba” por todo lo que habian hecho mis compis la semana anterior. Luego, en dichas clases, teniamos el sistema “enseña a Servan la nueva canción”, que consistía en que el director o alguno de los mayores tocaba varias veces la canción y yo intentaba aprendérmela de memoria. Aunque parezca algo raro, yo sabía lo que tenía que tocar a continuación porque “me sonaba”…
Para rentabilizar los instrumentos y uniformes, la Banda tocaba en toooodas y cada una de las procesiones que se hacian en el municipio. A veces teníamos la “desgracia” incluso de ir fuera a tocar, a otros municipios. Era lo más coñazo de todo. Lógicamente, a los conciertos no iba ni dios. Ahí es donde mas o menos me lucía, tocando la bateria. Pero en las procesiones, yo tocaba la caja. El Tambor. ¡¡Y lo odiaba!! Desde que empezaba la procesión hasta que terminaba 1 o 2 horas después, no paraba. Siempre tenía que hacer la mítica marcha que además marcaba el ritmo del paso de la banda (y de los que llevaban a cuestas la imagen religiosa). Siempre me hizo gracia que la velocidad de un santo dependiese de mi, un chico de 12 o 13 años… Que menos mal que tenía al director siempre ahí, que si no mas de una vez hubiese estado encantado de ir acelerando la marcha… hubiese parecido aquello el desfile de la legión…
Lo que más odiaba es que, debido al gran número de procesiones, todo el mundo me conocía no por tocar la bateria, sino por tocar “el tambor”. Yo me empeñaba en decir “toco la caja” (nombre técnico), pero es como en el wrestling: si lo llamas así nadie te entiende… Además, yo era un chavalin gordito, con una caja casi mas grande que yo… y siempre me parecia que lo de “ah! el del tambor!” me lo decian casi como para provocarme.

Y lo conseguían.

Seguro que a Dave Grohl o a Ringo Starr no le van diciendo “Ey! tu eres el del tambor!”.


¡Haz el payaso! (II)

1 febrero 2009

Bueno! Es el turno de ver hacer el payaso a gente que sigue el blog.

Que sepais que os lo agradezco un montón. Se sale comenzar un guiño y que alguien te siga la corriente.

juanluJuanlu y Bea, desde Socuéllamos.

cimg3216Dayana, from Arguayo.

Si tienes alguna foto haciendo el payaso (indispensable nariz roja), mándamela a Serthand@hotmail.com y el mes que viene nos vemos…


¡Haz el payaso! (I)

13 enero 2009

No se por qué, poco a poco la palabra “payaso” ha ido pillando un tono despectivo. Para mi, un payaso es una persona que hace reir y sinceramente, eso puede ser de todo menos despectivo.

En definitiva, que todos deberiamos hacer un poco el payaso, para despertar buen rollito a los que nos rodean. Y yo seré el primero, para dar ejemplo. Si quieres colaborar, ya sabes “contáctame” (pero con cariño, eh?).

¡Fuera máscara!