Rugby + Música Clásica = Video Mio

13 marzo 2010

Ya tenía ganas de hacer un video tributo de rugby. Le había dado mil vueltas a cómo plantearlo, que música meterle, si lo iba a centrar en selecciones nacionales o en equipos… Incluso pensé en meter imágenes del rugby amateur porque el rugby ES amateur. Normalmente se dice que es un deporte que ensalza la nobleza, el compañerismo y todo eso. Si… todo es cierto. Pero también el rugby son golpes.

A mi me suelen preguntar mucho si me hago daño (mítico “el rugby duele?“). Si eso mismo se lo preguntas a cualquiera de los que haya estado en un campo, seguro que te dará una de las respuestas típicas. Con los años he comprobado que cada uno tiene su peculiar forma de mentir a sus novias/madres preocupadas:

-“Dolerá más mañana…”

-“De fuera parece más fuerte…”

-“No te preocupes… ya se caer…”

-“¡Yo siempre esquivo a los gordos!” (Mítica frase de un 15)

Y así algunas cuantas…

A lo que iba… que el rugby son golpes. ¿¿Y qué mejor canción que el segmento de los martillazos de la ópera “Il Trovatore” de Verdi?? La escuché y supe enseguida que ya tenía video. Señores y señoras, con ustedes… el rugby:

Si, el rugby duele. Y aun así seguimos jugando. ¿Por qué? Ni idea.

Anuncios

Anuncios (25): El fútbol es de niñas

11 marzo 2010

Nada mas que añadir, señoria.


Anuncios (21): Jugadores de rugby Y Gimnasios

15 noviembre 2009


¡El Rugby es divertido!

7 abril 2009

¡Que si, os lo prometo!




Anuncios (13): Impossible Is Nothing

20 marzo 2009

Este mes ha salido el que creo que será de los anuncios del año. Me refiero a la promo de Coca Cola.

Seguramente lo conoceis, asi que voy a meter alguno que seguramente no habreis visto… 😀

Hace algún tiempo, Adidas hizo una de las campañas publicitarias más recordadas. Tenia como lema “Nada es imposible”. Sacaron anuncios a nivel mundial con éste lema, pero variando según las preferencias en cuanto a deporte de cada región.

De todos los que he visto, el más que me gustó fue el más simple: El de Rugby.
Muchas veces lo he dicho, me enganché al rugby durante mis años en Pamplona. Recuerdo el campo de tierra, los entrenamientos de 8 a 10 y los calambres… Pero me encantaba. Un ejercicio del entrenamiento que se practicaba (no recuerdo si lo haciamos en los entrenos de Pamplona, fijo que en Tenerife si) era lo que nosotros llamabamos “prisionero”, que consistía en que uno se quedaba en mitad del campo y el resto del equipo se ponia en uno de los fondos. Cuando el entrenador pitaba, el equipo intentaba ir de un fondo al otro del campo, esquivando al “pringao” que esperaba en medio del campo, que tenia que placar a uno de los miembros de la estampida que se le venia encima. Si lo conseguia, eran 2 pringados placando al resto del equipo cuando éstos volviamos al otro extremo….

Pues con ésta idea tan sencilla y buena música, los All Blacks y los British & Irish Lions (selección de los mejore jugadores británicos e irlandeses) se curraron el siguiente anuncio.

Nunca el slogan quedó tan bien…

Dato curioso: Los dos últimos son Rockocoko (neozelandés) y Brian O´Driscoll (irlandés).
O´Driscoll es … un genio. El Zidane del rugby.


El Rugby según Mario Ornat

15 marzo 2009

Hace algún tiempo, mientras veía un partido de rugby en Teledeporte, el narrador citó un blog que le habia gustado por un artículo en el cual se relataba la peculiar forma de ser de los que alguna vez nos pegamos jugando al rugby, los delanteros. Me picó la curiosidad y busqué dicho blog. Y me encontré con el señor Mario Ornat, periodista maño que trabaja para el As, en su delegación de Zaragoza.
Ornat es cronista del Zaragoza, pero también es un verdadero amante del rugby. Ha escrito varias entradas que no sé si llegarian al corazoncito de aquellos que no se han embarrado persiguiendo un balón ovalado o se han dejado un diente contra la rodilla de un adversario, pero que son recomendables para leer debido a su forma amena de contarlo.
Aún asi, espero que os “toque” el artículo que tanta me ha gustado a mi. Habla con orgullo de los delanteros (o gordos), y tira puyas como estacas a los “guapos”, a quienes juegan de “backs” o zagueros… otras posiciones del rugby.


Destacar la admiración por el 9 (medio melé) y el 12 (primer centro) y el cachondeo que se trae con los demás: el 10 (apertura), los alas (numeros 11 y 14) y el zaguero (el 15). Al 13 ni lo nombra. Según su teoria, los segundos centros no deberian existir… X-D
Se que está feo resumir, pero intentaré no amputar mucho (o por lo menos que no se note).

“El rugby es como la mafia, pero sin asesinatos. Está basado en la lealtad, el honor, la conciencia grupal, los ajustes de cuentas, el tráfico de sustancias y los parentescos inventados. Es una famiglia. (…) Al que se pasa de la raya, se le ajusticia en la siguiente ocasión de forma que parezca un accidente. Los demás callan, otorgan, participan o calculan dónde y cómo reparar los daños. La ley del silencio la entiende todo el mundo. (…)

Fuera de la melé, todo el mundo es un extraño o se comporta como tal. El 10 suele venir de otro país, de otro rango social, profesa religiones de moda y bebe Aquarius después de los partidos.(…) Las labores del 10 en el campo se reducen a cuestiones funcionariales o de poco calado, como recitar contraseñas numéricas, hacer extrañas señales con los dedos por la espalda a los chicos de la diagonal y utilizar términos como cruz, salto, falsa o toda, convenientemente mezclados para impresionar a los que le escuchan. Cuantos más balones se le caen, más aprecio le tienen los delanteros, que se dan el gusto de volver a la melé. (…) El 10 acostumbra a quejarse de que los delanteros se interponen en la línea de pase entre él y el 9. Y amonesta a los que lo hacen, explicándoles la necesidad de mantener limpia esa vía de salida. Los delanteros asienten y por dentro sonríen. Todo el mundo sabe que se trata de un comportamiento deliberado: el 9 sólo debería abrir la pelota cuando los delanteros lo decidan o se hayan divertido lo suficiente con sus tuercas y tornillos, jugando al enredo con los cuerpos y la pelota. Hacerlo al revés constituye otra de las muchas perversiones que el espíritu del juego ha sufrido desde su nacimiento.

El 10 perdiendo el balón… otra vez

El 12, el primer centro, puede ser el único jugador que un delantero respeta en toda la línea de tres cuartos. De hecho, juega en una posición envidiable si no fuera porque no participa en las melés.(…) Luego están los alas ¿De qué se habla con un ala? Si te los encuentras en el tercer tiempo te parece estar metido en un ascensor y sólo se te ocurre comentar el tiempo: “Qué buen día hacía hoy para jugar, eh”. Cuando los ves pasar cerca en el campo, a los alas dan ganas de preguntarles por la familia: si ya se casaron o qué tal están sus padres.

El 12, sin embargo, es otra cosa. El primer centro o inside pasa el tiempo en una violenta dicotomía vital que consiste en chocar contra las paredes y aplastar a los hombres. (…) Morfológicamente, el 12 tiende a una engañosa redondez corporal y acostumbra a sufrir el síndrome de la bala de cañón: cuando se lanza en velocidad quiere arrancarle las piernas al que se cruce. Como buen depravado, le gusta sufrir y hacer sufrir. Aspira a placar y a que lo plaquen. Digamos que querría hacer las dos cosas al mismo tiempo y en cada jugada, si fuera posible. (…) En el campo son gente válida. Sí. En su psicopática mentalidad, el ideal de vida consiste en esta jugada: recibir la pelota, enfilar al apertura contrario, derribarlo, ponerle el sello en la frente al 12 rival, derribarlo, convocar a un par de terceras del otro equipo a la fiesta, cruzarles el codo en la boca, derribarlos y, cuando entrevé que el zaguero opuesto viene al cierre con intención de placarlo, soltar la pelota al primer amigo que pase por ahí, dejándose las manos libres para chocar felizmente contra el 15 o el muro del final del campo. Los primeros centros suponen casos extremos, muchachos que quieren placar también en el ataque y se las arreglan para hacerlo, aunque sea a costa de la lógica del juego. (…) Naturalmente, un delantero ha de animar este tipo de comportamientos y aun ensalzarlos. (…) En fin, hay que reconocerlo: el centro es un hombre. No es un delantero, pero es un hombre. Todo no se puede tener.

El 12 contra todos

Otro de sus méritos es que está a tres números del zaguero, un tipo despreciable al que le gusta jugar con el pie, se mancha poco la camiseta y suele ser guapo. En ocasiones marca ensayos pero casi nunca es el hombre del partido. Por las noches, el zaguero gimotea en su casa porque no comprende esa contradicción: ser la estrella y que nadie lo reconozca.

A menudo, los primeras líneas incluso ignoran cómo se llama el zaguero de su propio equipo. Cuando el entrenador recita la alineación, el primera línea se queda en el cuatro o el cinco. El resto de nombres apenas los oye. (…) Así como los leones y felinos depredadores poseen una visión con una delgada franja de enfoque horizontal, que les permite localizar a sus presas en el horizonte pardo de la sabana, la naturaleza ha dotado a los primeras líneas con una variación óptica: la profundidad de campo de su mirada es mínima. Enfocan al morrillo del pilier opuesto, la carne que rodea los trapecios y las zonas erógenas del cuello y los parietales, donde uno intenta hacer diana. O sea, hacer daño cruzando un cabezazo. La ciencia no ha explicado todavía esta particularidad de los primeros líneas. Los demás prefieren reírse de ellos y explicar que los balones se les caen de las manos porque son lentos, torpes o tienen un dedo del tamaño de dos. No es así: es que no ven, sin más. Los primeras viven en estricto primer plano y son felices con eso. Nunca han visto a un zaguero salvo en el vestuario. En el tercer tiempo, el tipo que jugó de 15 es como el público de la grada: gente a la que le gusta ver rugby, pero no les apetece llenarse de barro ni que les den golpes. En el fondo, hay que agradecerles que vengan y aplaudirles al final en reconocimiento a su tangencial labor.

El zaguero, gana pero no le dejan ni tocar la copa.

Ahora hablaremos del medio de melé, uno de los casos más terribles en cualquier equipo de rugby. El 9 opera en el paso fronterizo entre la realidad y la ficción, la melé y el resto del mundo. Cuando el entrenador divide a línea y melé, los nueves siempre se quedan un momento parados, tratando de descifrar a qué lado deben ir. Esa crisis de identidad los afecta, a veces de modo fatal. Todos sabemos que, en conciencia, el medio melé viene a ser un proyecto de delantero al que la naturaleza no lo dotó como es debido: no le llegaron los kilos, la altura ni la inteligencia para jugar en el paquete. Piensa demasiado. Lo obliga su equívoca condición. Dicho sin ánimo ofensivo, el medio de melé viene a ser un transexual, un caso de hormonas equivocadas. Se comporta como un hombre, está musculado, acostumbra a ser recio y muestra arrojo, aunque todo en un cuerpo resumido, sin la expansión fisiológica de un auténtico macho de la melé. Su jugada preferida lo denuncia: en cuanto puede, se mete en el ruck y maulla de felicidad cuando, mientras auténticos hombres lo aplastan y rodean, oye gritar a los que se han quedado donde debería estar él: “¡¡¡No hay medio, no hay medio!!!”. El pick and go consiguiente, que le da tiempo a levantarse y retomar sus obligaciones, lo devuelve a la realidad. El resto del tiempo va de aquí para allá detrás de los gordos y éstos le permiten que mande, que les diga dónde empujar y dónde no, siempre que no contradiga su propia opinión y les compre cervezas en el tercer tiempo.

Peter Stringer, el pequeño que placaba delanteras completas a una mano.

El medio de melé querría ser como los muchachos de la primera línea, por eso suele beber mucho y masticar con la boca abierta. Sus intentos pueden quedarse en lo patético. Los muchachos de la primera línea modelan sus cuerpos, ganan y pierden kilos con estupenda facilidad, saben bascular la barriga para diversión de los demás, satisfacen dos veces a las damas (cuando se ponen sobre ellas y cuando se quitan de encima) y, sobre todo, pueden dar de tetar a los bebés de su propio pecho. Además, cuando ya no producen leche porque la edad los ha traicionado, se van al gimnasio a endurecerse las aristas, mientras un endocrino les entrega una tablilla y les mide la grasa corporal. De pronto pierden 15 kilos y corren como si se hubieran comido una liebre. Los primeros líneas son longevos, juegan hasta los 40 y más allá. En la vida real, esa amoralidad metabólica de los primeros líneas contraviene la moda y da lugar a muchas opiniones. Es verdad que no pueden comprarse camisas en Zara, pero en el campo de juego su excelencia física supone una ventaja que se suma a otra de orden moral: los primeros líneas son los depositarios del rugby auténtico, original, primigenio y único. Eso no se puede negar…

En el principio, el rugby fue un pack de 15 delanteros en inacabables moles de los que nunca salía la pelota. Rara vez. Si salía, quedaba transgredida de inmediato la naturaleza lógica del juego. Para qué correr. ¿Para llegar antes? ¿Acaso no da más gusto llegar empujando? Recorrer 35 metros arrastrando cuerpos, triturando carne, pisando cadáveres… Eso es un ensayo. Los ensayos por velocidad, contrapié y combinación quedan bien para las chicas de la grada y los espectadores de la televisión. Qué diferente de esas alegres montoneras articuladas en la que doce sujetos se derrumban sobre la hierba en la zona de ensayo, entre bufidos, pedos y ladridos de pedregosas gargantas. Al levantarse, al menos cinco de ellos proclaman haber sido los autores de la marca: yo tenía un dedo, el mol lo inicié yo, sin mi empuje jamás habríamos llegado, árbitro apunte mi nombre, soy el uno, bien gordos bien. (…) En el Seminario, Angelito Largo definió las intenciones de una melé con esa frase: hasta los almendros, en referencia a los arbolitos que lindan con los campos de Tarazona y el fondo de la línea de marca. Quiere decirse que hay que pretar los culos y abrochar hasta perder la conciencia. Empujando hasta que se aflojen los esfínteres.

La delantera empuja 

 

En el fondo, la familia descansa sobre los hombros de los primeras líneas. Todos lo saben y lo reconocen en cuanto se emborrachan y se ponen cariñosos. Porque la gente, ahí afuera, sabe que puede contar con ellos. Si alguien deja una cuenta pendiente, le meten una cabeza de caballo en la cama al talonador contrario. Muéstrenme un zaguero capaz de eso…”

Aaaamén, Mario. Amén.

Artículo completo en http://ornat.blogia.com/2008/111601-cosa-nostra.php

Os recomiendo el blog por todo, ya que no sólo se habla de rugby. Seguro que perdeis un ratillo a gusto leyendo algo interesante. Que ya es hora, eh? 😀


Héroes (II): Jonah Lomu, el Toro Herido

26 febrero 2009

Toca hablar de una de las personas a quien mas admiro. En el mundo del fútbol, solo he sentido admiración por un futbolista, del cual hablaré tarde o temprano. Mis mayores ídolos son en su mayoria gente de otros deportes. Y el rugby es fuente inagotable de auténticos heroes.

Pero Jonah Lomu es un caso aparte. Lomu debutó con los All Blacks de Nueva Zelanda en 1994, y al año siguiente, en la Copa del Mundo de 1995 explotó como jugador. Haciendo una comparación, en el mundo del futbol seria igual a cuando Pelé debutó en el Mundial de Suecia, donde maravilló al mundo entero. Pero mientras Pelé era admirado por regatear y marcar, Lomu impresionó por ser un ala de casi dos metros que corria como nunca se habia visto y que además, atropellaba (literalmente) a quienes intentaban pararle.

Tenia una forma elegantísima de sacar el brazo cuando alguno se atrevia a pararle y sentaba a sus rivales de una forma que recuerda a esos magos que hipnotizan a las gallinas…

Hay un partido contra Inglaterra en ese mundial que podria compararse, si seguimos con los similes futbolísticos, como cuando Maradona regateó a todo el equipo inglés en aquel partido… pobres ingleses, siempre son humillados en deportes que precisamente ellos mismos han inventado. Ojo al primer ensayo, cuando pasa por encima de un “pobre” señor de blanco…

Pues bien, Lomu llegó a ser la figura de clase mundial que el rugby necesitaba: Empezaron los anuncios, las grandes competiciones empezaron a ser sponsorizadas y más personas acudian a los estadios. El rugby avanzó. Pero Lomu se quedó en el camino.
Fue diagnosticado de una rara afección de riñon y eso le fue apartando del rugby progresivamente hasta que en 2002 se conoció que estaba recibiendo diálisis y que probablemente necesitaría un riñón.
El jugador de rugby más potente de la historia, posiblemente acabaría en silla de ruedas…

Pero como bien decía el anuncio, Impossible is Nothing:

Lomu se recuperó y volvió a jugar al rugby. Si bien nunca volvió a ser importante para los All Blacks, Jonah fue capaz de jugar en varias ligas de alto nivel….

Un tio que estaba destinado a quedarse en silla de ruedas.