La intrigante historia de… mi nevera


Cuando me fui a vivir solo no sabía que lo más que iba a echar de menos era tener una nevera que se llenase sola, como por arte de magia. No se si te has dado cuenta pero cuando en la nevera de casa de tus padres coges un yogur (si, se escribe así que lo he buscado en la RAE…) al día siguiente ves que otro yogur sustituye a ese anterior. ¿Magia? ¿Elfos domesticos a lo Harry Potter? Inquietante sin duda, amigos de la nave del misterio…

Pero cuando te vas a vivir solo, eso lo pierdes. La comida no viene sola… por eso la imagen que suele presentar mi nevera es más o menos la siguiente:

Triste, fría, vacía, casi sin vida… Lo normal, vamos.

Pero el domingo pasado, llegué a mi piso. Por puro reflejo, lo primero que hice fue entrar en la cocina y abrir la nevera. No se por qué lo hice si no había hecho la compra… pero el sentimiento que tuve fue como volver a aquellos mañanas de Reyes hace años…

Entonces, como es habitual en mi en estos casos intrigantes, comenzaron a surgir frases en mi cabeza analizando la situación:

  • “Pero… ¿me he equivocado de piso? Igual estoy en el 2º E… No puede ser… abrí con la llave… No me he tropezado con nadie ajeno…”
  • “¿Leche desnatada? ¿A que tengo una novia viviendo conmigo y no me he dado cuenta?”
  • “No, novia no tengo porque debajo hay un queso enorme… Me prohibiría acercarme.”
  • “Pues sobrinos igual si tengo porque toda esa bollería…”
  • “¿Fruta?”
  • “Uy mira… ensalada… ¿Estoy a dieta?”
  • “¿¿Danacol??”
  • “Esos huevos no son los de Kinder… ”
  • “¿Zumo de piña? ¿Desde cuando me gusta la piña? A mi madre si, pero a mi… un momento… ¿mi madre?

La pista del zumo de piña me hizo coger el móvil y llamar a mi madre.

– “Oye, ¿tu pasaste este fin de semana por el piso?”

– “Que pena lo sucio que lo tienes, ya podrías limpiarlo un fisco, sacar la basura. ¿Y si va alguien de fuera? (Tendrá que pedirme las llaves, ¿no?). Por cierto, tenías la nevera que daba pena verla y te dejé una compra, que no estás comiendo nada. Y me traje a casa todos los tuppers que no me devolviste. ¿Ya comiste? Mira que te dejé Danacol…”

Y así en un ratito se resolvió el misterio de la nevera,  el misterio de la bolsa de basura desaparecida y el misterio de la mesa de estudio que se ordenaba sola.

Aunque hubiese preferido a los elfos… hubiesen tenido el detalle de dejar algun Kinder….

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