Monólogos. VI: La primera novia.


Bueno, hacia tiempo que no escribía nada. Mirando cosas que tenia “escribidas”, me he encontrado con éste “minimonólogo” que andaba perdido sin acabar. Es uno de esos que me salen del tirón pero que luego no puedo acabarlos porque no sé cómo cerrarlo. Aun asi, lo cuelgo. “A ver si hace risa”…

La primera novia…

Cuando tenía quince años quería tener novia. Veía a todo el mundo acompañado de una tía y pensaba que estaría bien tener a una chica al lado. Una chica a quien besar, a quien manosear y por que no, alguien con quien hablar… Tú veías a una pareja tirados en el césped besándose y te entraban ganas de pedirle a la primera que pasase que fuese tu novia. Como cuando estabas en párvulos.
Pero claro, esa visión tenía un fallo, no ves todo el trabajo que hay detrás. Es como cuando ves en una revista de tetas a Yola Berrocal: Queda bonita pero ignoras las horas de trabajo, maquillaje y fotoshop que lleva detrás. Quiero decir que no todo es glamour.

De entrada, está el hecho de atreverse a ligar. Vale, muy bien, si eres guapo o dicharachero, tienes la cosa medio hecha… pero ¿habéis visto a los chavales de 15 años? Ninguno con 15 años hemos sido no ya guapos… Ni siquiera aptos para la vista… ¿Alguien conoce a un quinceañero guapo? Los que salen en las series de la tele suelen ser veinteañeros con cara de niñas. Hablaré de ellos mas adelante. ¿Y lo de dicharacheros?… Bueno, puedes colar tu gracia, pero te queda la duda si se ríen contigo o de tu voz. Maria Kallas, la mítica cantante de ópera, nunca seria capaz de pasar de un grave a un agudo tan rápido y seguir actuando tan normal. Un quinceañero lo hace cada 6 palabras. Y es gracioso porque siguen actuando cómo si ellos no hubiesen soltado un gallo. También es curioso que cuantos más gallos sueltas, más te empeñas en hablar con voz grave, con lo que si vuelves a “desafinar”, se nota el doble…

Es uno de los misterios de la naturaleza, tienes el impulso animal de ligar cuando tu cuerpo no está aún preparado. ¡Esto no le pasa a otras especies! ¡No se ve un tigre que ataque sin acabar de formar los colmillos! ¡Un águila empieza a volar cuando tiene sus alas formadas y su plumaje listo!. Si no, ¿que pasa? Que el águila cae a plomo, meneando unas alas inútiles con cuatro plumas. Igualito que un quinceañero cuando le rechazan, solo que en lugar de plumas, tiene pelo.
A lo que voy, que en el hecho de ligar es igual. Los animales tienen que estar preparados para cazar. Una vez listos y formados, cazan. Los machos-humanos no. Salimos “a la caza” sin haber terminado de formarnos. Con quince años, además de ser tu peor momento físico (estás desproporcionado, hablando claro), estás en tu peor momento psicológico. Vamos, que no te centras. Eres inseguro, miedoso, patético. Tienes el pack completo ahuyenta-tías. Tú te preparas, te pasas media hora pensando “le digo hola, que tal el examen y le sonrió”, pero cuando ves a la muchacha en cuestión te sale algo del tipo:

“Hola!! (le he gritado?) que tal? …(¿me está mirando el grano?) Que tal …(no le mires las tetas)el examen? …(¿se me ha escapado un salivazo?) Fácil, verdad?… (¿huelo mal?)”

Esto, más o menos nos ha pasado a todos los chicos. Claro, salvo a esos que tienen la suerte de ser guapos en la adolescencia, que curiosamente luego se quedan con el mismo aspecto de niño durante toda su vida y que serán debidamente puteados en la universidad con el mítico “Imberbe! Andrógeno! Cuatropelos!” La vida es justa en ese aspecto y siempre reparte palos a todos por igual.

A pesar de todo esto, después de pasarte todo el instituto preocupado por si se te veían los granos, llegas a la universidad. Y de repente, ya eres adulto. Oyes que en la universidad se folla a saco y claro, te animas. Y señores y señoras… sigues sin meter. ¿Por qué? Pues porque por fin te echas novia. Irónico, ¿no? A ti nadie te avisó de eso y tú, aprovechando que ibas a entrar en la uni, te pasaste el verano antes de entrar ligando con lo de “haré primero de carrera”… y claro, alguna de algún curso menor del instituto picó. Pero picó, picó. Cometes el tremendo error de que te enamoras por primera vez en serio. Lo de antes eran juegos de crios, ahora tienes a una chavala madura que vigila todos tus pasos. De repente tú móvil tiene vida propia: Llamadas perdidas, te llegan miles de mensajes, a ti, que sólo utilizabas el móvil para mirar la hora. Y ojo, hay que contestárselos. Si no, se cabrea. De repente, tus conversaciones pasan del tercer minuto. Antes una conversación era
“¿Partido? ¿A las 5? Me apunto”
Ahora, con tu nueva novia, hablas. ¿De que? De nada… sólo hablas. Es una cosa que me intrigaba mucho a mí de pequeño. ¿De que pueden hablar tanto dos personas que se quieren? Es que, si se quieren, tienen cosas en común, luego tienen gustos parecidos, o lo que es lo mismo, opiniones similares… No tiene mucho sentido que luego se pasen horas hablando, ¿no? Pues aun así, hablábamos horas. Lo chungo es que las tías no sólo hablan, sino que además te exigen que las escuches. A mi el truco de “ajá”, “si”, “ya” no me sirvió de nada cuando me dijo que a su padre le habían extirpado el bazo. ¡¡Esas cosas se dicen al principio de la conversación, mujer!!
Siempre es gracioso observar además, a tus amigos cuando hablan con sus novias. Si te fijas, al principio, todos nos girábamos un poco y hablábamos un poco mas bajo de lo normal, como para que no supiesen con quien hablábamos… como que nos daba vergüenza. Claro, que era una tontería porque ante esa actitud, tus colegas se enteraban enseguida e iban de cabeza a vacilarte:
-“Dile que la quieres, hombre!!”
-“Déjame en paz, tío, estoy hablando”
-(Ella, a través del móvil) “¿Quien es? ¿Te molesto?”
-“No, no me molestas, solo es una amigo, que quiere avergonzarme”
-(Ella)“Avergonzarte? te avergüenzas de hablar conmigo delante de tus amigos?”
[[Alarmas]]
-“No pequeñita! Sólo que no quiero que sepan lo que hablo contigo”
-(Tus amigos) “¿Pequeñita? Jajaja ¡¡cursi!!”
-(Ella) “o sea, que me ocultas”
-“No, no… ¡Callaos, anormales! … (a ella) Sabes que nunca te haría eso, Yo…
-(Tus amigos) “Díselo! Jajaja, cursi! Díselo! Nenaza!”
-(ella) “Tu… qué?”
-“Teniero.. te llamo luego, chao, chao…”
-(Tus amigos) “buaah jajaja, mandao!, nenaza!”
-(Ella) “¿Teniero? No te he oído bien…”
-“TE QUIERO, chao… chao”
-(Ella) “Te quiero mi amor, chao”

Conclusiones:
1) Le dices el primer “Te quiero” para evitar cabreos mayores.
2) A ella no le cuesta nada decir esas cosas, y quiere que a ti tampoco te cueste hacerlo.
3) Tus amigos son unos hijoputas.

Claro, que tú sacas luego tus conclusiones. Joe, si ella me sacó un “te quiero” así de rápido, igual yo le saco un revolcón. Lo único que tengo que hacer es cabrearme y dejarle como única salida que quiera acostarse conmigo para que yo no me enfade más. Y pones tu plan en acción.
-“Te he dicho que te quiero?”
-“¿Que quieres?”
-“Nada, que voy a querer, solo te decía eso… A veces me ofendes” (Ahí, jugando tus cartas, muy dolido)
-“A mi no me vengas con esas, eh? Si quieres algo sólo pídemelo” (Momento trampa, nunca le pidan a una tía realmente lo que queráis, ¡sólo os pone a prueba!)
-“Bueno, estamos solos… no sé… podríamos…”
-“Si claro! Ahora! ¿Ahora si me quieres?, como no están tus amigos delante, ahora si, ¿no? ¡¡Pues nada de eso!!. Cuando aprendas a exteriorizar tus sentimientos, avísame”

No sabes como, pero tu plan que pasaba por hacerte el dolido, por una pirueta del destino, ha acabado con ella ofendida, recordándote algo que hiciste mal durante la ultima semana y sin sexo. Claro, que llegas a un momento en el que piensas, ¿pero para esto quiero una novia? Si quisiese aprender a exteriorizar mis sentimientos, me hubiese ido a un psicoanalista argentino, que por lo menos te hace gracia el acento. Pero no, sigues con tu novia porque aunque te cueste admitirlo, te gusta estar con ella.
Siempre y cuando no estén tus amigos, claro.

By Serthand

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